Pueden venir en cualquier momento a identificarme

Era viernes y Toni y Sara salían del mercado Segur de Calafell con el carrito de la compra lleno de verduras y pescado fresco. Después, Sara se dirigió a la tienda de semillas; Toni la esperaba sentado en un banco. Se disponía a mirar el móvil. Vio un coche Nissan Micra plateado que se le acercada por detrás, pero no le hizo caso. De pronto, dos policías de paisano se abalanzaron sobre él y acercando la cara a pocos centímetros de la suya, uno de los agentes le increpó:

–¿Qué haces aquí sentado? Escúchame y haz lo que te digo. ¿Qué haces tocando el móvil? Dámelo. Levántate para que te registremos. ¿Qué tienes en el carrito? Ábrelo. Estoy harto de los negros. Si no te gusta el trato, vuelve a tu país. Vas a hacer lo que yo te digo, si no te vas a enterar. Te vamos a deportar, negro. Tú no eres nada ni nadie.

Eran dos. El primero, grandote, con barba y muy grande de cintura. El segundo era más delgado y tremendamente agresivo, tanto por sus tratos como por sus palabras. Ante el discurso del agente, Toni quedó en estado de shock. Nomás se concentró en coger con fuerza el móvil que le intentaban quitar y en evitar que le metieran las manos dentro de su pantalón. Sara arribó enseguida y, sin decir nada, se sentó a su costado.

–¿De qué se me acusa?

Durante el episodio, repitió tres veces esta pregunta, pero los agentes no le comunicaron el motivo de su detención. Les dijo que si lo querían detener, tendrían que llamar a un coche patrulla con agentes uniformados para que lo lleven a la comisaría, sin insultos ni amenazas.

Enseguida arribaron dos coches patrulla, con dos agentes cada uno. Acto seguido, Toni se levantó del banco para ir voluntariamente hacia ellos, pero tres agentes de manera coordinada lo arrastraron con fuerza en dirección contraria, hacia una pequeña plaza que queda fuera del alcance de las cámaras de la oficina de Caixabank de la avenida Cataluña.

Allí, lo inmovilizaron. Le golpearon la espalda, la nuca y las lumbares; le doblaron los dedos de la mano y le dislocaron el hombro izquierdo. Después, un agente le cogió los genitales y se los estiró hacia abajo con fuerza. Toni chillaba y temblaba de dolor. Mucha gente de las terrazas cercanas se acercó al lugar para ver qué pasaba. Incluida Sara, que los había seguido con el carrito de las compras.

A ella le requisaron el móvil, el carro, la chaqueta y la llevaron a la comisaría de Mossos de Vendrell. Lo mismo hicieron con Toni, aunque antes pasaron por el hospital. Como la doctora tardaba en atenderle, uno de los agentes dijo que su turno estaba a punto de acabar y debían retornar a la comisaría inmediatamente.

Después de estar encerrado durante cuatro horas, apareció la abogada de oficio, quien les informó de qué se le acusaba: atentado contra la autoridad. Según el testimonio de los agentes, Toni le había dado una patada a uno de los policías. Aquella acusación era falsa y podía demostrarlo. A consecuencia de unas lesiones anteriores, Toni tenía rotos dos ligamentos de cada rodilla, hecho que dificultaba que pudiese extenderlas y dar patadas.

Tuvo que aguantar horas muerto de dolor. No volvieron a llevarlo al médico hasta las 9 de la tarde. La actitud hostil del doctor sumado el hecho de haber pasado la noche en la comisaría con los agentes que lo acompañaban, hicieron que Toni tuviese miedo de explicar en detalle todo lo que le dolía. El doctor se limitó a recetarle unas pastillas. Al miércoles siguiente, visitó a su doctora de cabecera para solicitar un nuevo informe, que apunta la dislocación de un hombro y un pulgar, y la pérdida de sensibilidad en los dedos.

Cuando tuvieron fuerzas, se dirigieron al Servicio de Atención y Denuncias (SAiD) de SOS Racisme, en donde identificaron un delito contra la integridad moral, un delito de lesiones, un delito de falsificación de documentación pública, un delito de denuncia falsa y un delito de detención ilegal. Solicitaron al juez una investigación de los agentes y que se tome declaración a siete ciudadanos de Calafell, testigos de la agresión.

Un año más tarde, Toni aún espera el juicio. “Lo que más daño me hizo no fue el dolor físico, sino el hecho de comprobar que cualquier persona, en cualquier momento, puede atropellar mi dignidad y hacer conmigo lo que quiera”, concluye con rabia.

Fecha y hora de la identificación

26/02/2016, 13:15h

Lugar de la identificación

Av. Catalunya nº 2, Segur de Calafell, Tarragona

¿Le comunicó el agente el motivo de la identificación?

No

¿Se identificó el agente?

No

¿El agente estaba uniformado?

No

¿Hubo cacheo después de la identificación?

¿Hubo violencia verbal o física durante el procedimiento de identificación y registro?

¿Se realizó detención posterior?

¿Era la primera vez que lo identificaban?