Si nos callamos, nadie nos va a tener en cuenta

Era un día especial. Sara (nombre ficticio) estaba muy emocionada porque, por fin, viajaba a Londres y, aunque volaba en ‘low cost’, lo hacía por la puerta grande: acompañada de su padre y estrenando pasaporte español. Desde los diez años había cultivado con ternura aquella ilusión que ahora tomaba forma en los cinco sentidos. Ya se imaginaba paseando arriba y abajo por Trafalgar Square, Piccadilly Circus o Hyde Park. Incluso podía oír las bocinas de los coches que la sorprendían por la izquierda y oler el perfume de las auténticas ‘pies’ inglesas. Un sueño le esperaba a sólo dos horas de avión.

Como volaban a Londres, fuera del espacio Schengen, tuvieron que pasar el control de pasaportes. Sara, con satisfacción, mostró su pasaporte, nuevecito, la prueba legal que certificaba que, finalmente, después de muchos años de haber vivido en España, ella era española a ojos del Estado. El policía revisó el pasaporte y, al ver que todos los datos eran correctos, la dejó pasar sin dilaciones. Su padre también pasó con normalidad, como el resto del pasaje.

Acto seguido, se dirigieron a la cola de embarque. Iban muy bien de tiempo, pero ya había alguna persona esperando de pie con las maletas y, dos minutos después, ya se había formado una cola muy larga. Se aseguraron que las maletas tenían las medidas justas y, cuando les tocó el turno, entregaron el billete y la documentación a la azafata, que los observó extrañada:

-Esperen aquí, por favor.

Sin hacerles ninguna pregunta ni darles ninguna explicación, las apartó de la cola y les dijo que esperaran. Confundida y sin saber muy bien cómo proceder, la azafata pidió ayuda a otra compañera. Lo hizo sin discreción, delante mismo de ellos, dando por supuesto que no la entenderían:

-¿Qué les pido?

-Pues pídele la cuenta bancaria, la dirección y alguna otra cosa que tengan.

Su padre se puso muy nervioso:

-¿Por qué están haciendo esto?

-Por motivos de seguridad - se limitó a responder la azafata.

Sara la miraba con mucha rabia, pero prefirió esperar y obedecer. Estaba muy indignada, pero no quería dejar escapar el sueño de ir a Londres por culpa de la actitud de aquella chica.

En ese aeropuerto, las miradas hacían más daño que las palabras. Las personas de la cola contemplaban a Sara y a su padre con desconfianza, como si pensaran que ‘algo habrían hecho’. La azafata los habían apartado de la cola y eso había comportado, automáticamente, un estigma. Comprendió que tanto daba que un papel la reconociera como española, siempre estaría expuesta a las fronteras de vidrio basadas en el color de su piel.

Probablemente, pensó Sara, aquella azafata se estaba limitando a aplicar un protocolo de la compañía o algo parecido, pero también podía decidir si obedecía aquellas órdenes racistas o no. Y, desgraciadamente, decidió obedecerlas. Después de quince minutos de retención, la azafata le pidió el DNI. Se lo miró y les dejó pasar, como si nada hubiera ocurrido.

Fueron sólo quince minutos, pero el cabreo se mantenía en el corazón de Sara cuando volvieron de Londres. Aquello no podía volver a pasarle a nadie más. Por ello, decidió denunciarlo al Servicio de Atención y Denuncias (SAiD) de SOS Racismo Cataluña y empezar a fomentar el boicot a Ryanair entre sus amistades explicando la discriminación que habían sufrido ella y su padre.

El SAiD hizo llegar una carta al Servicio de Atención al Cliente de la compañía para pedirles que reconocieran el episodio como un caso de discriminación por perfil étnico y que corrigieran los protocolos necesarios para que no se volviera a repetir.

Ryanair pidió disculpas a los pasajeros por si se habían sentido discriminados en algún momento, pero no admitió que los protocolos fueran racistas. Se limitaban a seguir las instrucciones del Departamento de Visados ​​e Inmigración del Reino Unido para prevenir viajeros impostores. ¿Desde cuando las aerolíneas se encargan del control migratorio? ¿No se trataba de una tarea consagrada al Cuerpo Nacional de Policía español?

*Texto publicado originalmente en La Directa, el 22 de febrero de 2017.

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Fecha y hora de la identificación

27/04/2016, 06:30h

Lugar de la identificación

Aeropuerto del Prat, Barcelona

¿Le comunicó el agente el motivo de la identificación?

¿Se identificó el agente?

No

¿El agente estaba uniformado?

¿Hubo cacheo después de la identificación?

No

¿Hubo violencia verbal o física durante el procedimiento de identificación y registro?

No

¿Se realizó detención posterior?

No

¿Era la primera vez que lo identificaban?